Era el cacao desde tiempos muy remotos un fruto de doble aplicación: manjar apreciadísimo, bebido por Moctezuma en copas de oro fino, y signo monetario.
En el monasterio de Piedra fue (1534), dónde por primera vez se elaboró el chocolate en su cocina monacal.
La historia nos cuenta que un monje del Cister que acompañó a Hernán Cortés a México, Fray Jerónimo de Aguilar, envió el primer cacao, junto con la receta del chocolate, al abad del Monasterio de Piedra, D. Antonio de Álvaro.
Fueron los monjes de este insigne cenobio los primeros en probar este manjar. Con ello se explica la gran tradición chocolatera de la orden Cisterciense.
En algunos Monasterios de hecho, existe una pequeña estancia, sobre los claustros, la llamada chocolatería, dónde cocinaban y degustaban el chocolate.