La historia es la siguiente: Un hombre pasea egoístamente por la calle con las manos en los bolsillos, sin mostrar un mínimo de interés por socorrer a los demás. Un día, descubre que sacando las manos de los bolsillos se siente mucho más feliz y realizado. Aquí os dejo el vídeo del cortometraje en Youtube:
La explotación didáctica que he preparado y que comparto aquí consta de un total de 7 actividades enfocadas especialmente a debatir y conversar.
Como siempre, podéis descargar las fichas con las actividades en PDF a través de Google Drive pinchando en el siguiente enlace: Actividades Sr. Indiferente (Cortometraje)
El 26 de enero se celebrael Día Mundial de la Educación Ambiental, que tiene su origen en 1975, año en el que se organizó en Belgrado el Seminario Internacional de Educación Ambiental y que contó con la participación de expertos de más de 70 países.
Este encuentro nació a raíz de la declaración de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente celebrada en junio de 1972 en Estocolmo (Suecia), en la cual se debatió la importancia de cuidar el medio ambiente y se expuso la necesidad de unos principios comunes que ofrecieran a la sociedad una inspiración y guía para preservar y mejorar nuestro entorno.
Como resultado del seminario se publicó laCarta de Belgrado, en la que quedaron plasmadas las reivindicaciones fundamentales de la Educación Ambiental, cuyas metas principales, aún vigentes, fueron:
La Educación Ambiental en la sociedad actual
¿Sabemos realmente qué es?
¿Es relevante el papel de la Educación Ambiental en el mundo en que vivimos?
¿Tiene alguna utilidad para resolver problemas ambientales presentes y futuros?
Este día es algo más que una efeméride del calendario para recordar…
Lo realmente importante es lo que ocurre cada día; el debate y la concienciación medioambiental que se realiza de manera continua en los centros de educación ambiental, y toda la dedicación de tantas escuelas, asociaciones, grupos de trabajo, y demás entidades y personas que trabajan perseverantemente en este ámbito.
Si estáis buscando una actividad creativa y completa para el Día de la Paz, aquí la tenéis. Siete pequeñas miradas hacia la interculturalidad. ¡Os encantará!
Haced clic en la imagen para acceder a ella y descargarla en PDF.
Interesante película, que nos inserta en una reflexión sobre el cuidado del planeta y los modos de vida sedentarios del ser humano. Las tecnologías que nos ayudan, también nos pueden acomodar a un tipo de vida antinatural para el ser humano.
Película de animación dirigida por DeanDeBlois y Chris Sanders. Producida y distribuida por DreamWorks Animation. Está basada en la serie de libros con el mismo título, de la autora Cressida Cowell.
SINOPSIS
Una tribu de vikingos vive en la isla de Berk. Está isla es atacada y saqueada por los dragones continuamente. Los miembros de la tribu son guerreros que se entrenan para matar dragones y acabar de este modo con los ataques.
Hipo es un adolescente, hijo del jefe de la tribu, que no encaja con la reputación de su pueblo como cazadores de dragones. Hipo diseña un arma y en uno de los ataques el chico derriba a un dragón llamado Furia Nocturna pero nadie le cree capaz de tal hazaña. El joven va al bosque a conseguir pruebas para que los demás miembros de la tribu le crean. Allí se encuentra con el dragón que está indefenso, y le amenaza con matarle, el dragón se acerca a él e intenta volar sin éxito. Después de esto Hipo vuelve al pueblo confuso, le han enseñado que los dragones siempre atacan a matar, pero había comprobado que esa afirmación era falsa.
Tras la hazaña Hipo entra a formar parte de los entrenamientos como cazadores de dragones, pero él no quiere matar dragones. Cuando puede se escapa al bosque y poco a poco va descubriendo cosas sobre el dragón, se da cuenta de que puede enseñarle cosas y entrenarle. Se da cuenta de que los dragones son completamente diferentes a cómo piensan los miembros de la tribu. Tras varias peripecias y divertidas aventuras consigue entrenar a su dragón y enseñar a sus compañeros que su punto de vista no es el adecuado.
COMENTARIO
Cómo entrenar a tu dragón es una película con importante mensajes. Nos enseñara como no siempre es fácil encajar dentro del mundo al que pertenecemos, como le ocurre a Hipo, pudiendo valorar que ser diferente es bueno. Son las diferencias de Hipo las que le llevan a descubrir cuan equivocados estaban todos. Gracias a sus diferencias Hipo consigue ver las cosas desde otro punto de vista, sin dejarse llevar por la opinión de la mayoría, descubriendo así la verdadera naturaleza de los dragones.
A través de la película, los pequeños podrán aprender que los prejuicios o etiquetas suelen ser erróneos y la importancia de cuestionarlos. Un dragón no es malo porque todos lo digan. Nos enseña también un modo constructivo y positivo para resolver conflictos y convivir en paz, como ocurre entre los miembros de la tribu y los dragones al final de la película.
La importancia de emplear diferentes puntos de vista y cuestionar las creencias que nos llevan a tener prejuicios es algo fundamental en la educación de los más pequeños en la sociedad actual.
POR QUÉ RECOMENDAMOS ESTA PELÍCULA
Esta fantástica historia, cargada de aventuras, emociones y momentos muy graciosas es más que recomendable para disfrutar en familia, con los más pequeños de la casa. Consigue unir el aspecto lúdico (fundamental para crear aprendizajes), con importantes valores que no siempre son fáciles de transmitir. Añade entrañables y divertidos personajes y una aventura emocionante despertando así el interés de los pequeños.
Gran valor pedagógico para transmitir valores fundamentales.
Importante poder lúdico que facilitará la interiorización de los valores.
Película para pequeños entretenida para todos.
Personajes entrañables, que muestran personalidades y roles reales. Aventuras y diversión.
Nos hace cuestionar los prejuicios e ideas establecidas.
Ofrece una reflexión sobre la importancia de emplear diferentes puntos de vista.
Nos muestra que ser diferentes no es malo, la diferencia permite evolucionar.
Celia Rodríguez Ruiz
Psicóloga y Pedagoga
Esta película es la adaptación del libro de Cressida Cowell
La ilustración de arriba tenía unos colores oscuros, no parecía nada alegre. Tiene un punto extraño, misterioso, pero lo que más llama la atención es ese ser negro (parecido a un cuervo) que nos acecha. Esta ilustración representa el remordimiento.
En la segunda ilustración, lo que más llama la atención es ese enorme peso que tiene al barquito luchando por seguir a flote. Ese peso le impide avanzar. Y ese peso representa la culpa.
En cuanto al remordimiento, he querido diferenciarlo bien del arrepentimiento, porque muchas veces se confunde. Nos podemos arrepentir de algo que hemos hecho (¡me arrepiento de haber estudiado Derecho porque yo en realidad quería haber estudiado Arte Dramático!), pero también de algo que no hemos hecho (¡me arrepiento de no haber viajado cuando me surgió aquella oportunidad!). Y, por otro, lado, nos podemos arrepentir de cualquier cosa, sea mala o no. En cambio, sólo sentimos remordimiento ante algo que hemos hecho mal. Por ejemplo: viene alguien y te ofrece unos bombones. Y tú dices que no. Después te podrás arrepentir de haber dicho que no (porque en realidad te apetecían, porque piensas que se lo podrías haber regalado a alguien... por lo que sea). Pero el haber dicho que sí o el haber dicho que no, sólo eran opciones, igual de buena una que otra. En cambio, puedes sentir remordimiento si, al cambiar de opinión, coges a escondidas esos bombones (porque sabes que eso no está bien hecho). Y cuando sientes remordimiento, te genera malestar.
Cuando el remordimiento se las ingenia para que no puedas dejar de pensar en algo malo que hiciste, crece ese malestar y te va invadiendo poco a poco. Y es cuando aparece la culpa.
En cuanto a la culpa, hay que "aparcarla" (la preocupación y la culpa son los dos sentimientos más inútiles del mundo). ¿Eso quiere decir que si hacemos algo mal nos tiene que dar igual? Pues tampoco, pero de nada sirve acusarse, condenarse y autoflagelarse.
¿Acaso sentirnos culpables nos va a llevar a una solución? ¿Acaso nos deja avanzar?
Ya vemos que no, en la ilustración del barquito. Ese peso enorme (que la culpa se encarga de hacernos creer que merecemos llevar) sólo nos hace sentir miserables. Y lo peor es que a veces nos sentimos culpables por algo que hemos hecho sin intención . Por tanto, cuando cometemos un error, cuando nos equivocamos, hay que reflexionar, analizar, pensar por qué ha ocurrido, buscar una solución, pedir perdón si hemos hecho daño a alguien... En definitiva, APRENDER e INTENTAR MEJORAR. Listo. Lo demás sobra. Sentir remordimiento al hacer algo mal es normal y sano, pero ahogarse en la culpa, no.
Cuando somos conscientes de que hemos cometido una falta, podemos experimentar vergüenza.
Vimos en la sesión anterior, al trabajar el remordimiento y la culpa, que cuando somos conscientes de que hemos cometido una falta, podemos experimentar vergüenza. También la podemos sentir cuando creemos que se van a burlar de nosotros. O cuando una situación es nueva, cuando nos sentimos expuestos, observados o que están pendientes de nosotros.
La vergüenza aparece por sorpresa, y suele ser bastante indiscreta, ya que tiene la manía de decirles a los demás que somos conscientes de que la sentimos: hace que nuestro rostro se enrojezca. Además, suelen ser usuales otros signos corporales: vista caída, cabeza baja... Y que los demás sepan que estamos avergonzados, puede provocarnos, además, inseguridad.
También podemos sentir vergüenza por lo que hace otra persona. Es lo que llamamos vergüenza ajena. Como cuando los papás o hermanos mayores sienten vergüenza por una rabieta que está montando en público el pequeño de la casa. ¡Y cuanto más nos miran, más vergüenza!
Al contrario que el remordimiento, que es un sentimiento interno que nos genera malestar cuando hacemos algo mal, la vergüenza se refiere a los demás, su carácter social es patente, ya que sentimos vergüenza ante la exposición delante de otros. Si robo una canica a un compañero, sentiré remordimiento, pero si me descubren y me llaman la atención por la falta cometida, además sentiré vergüenza.
Por otra parte, la desvergüenza sería la "falta de vergüenza", y lo pongo entre comillas porque habitualmente los términos "desvergonzado" o "sinvergüenza" se emplean para designar a personas que hacen alguna insolencia, que son descaradas o maleducadas.
La inseguridad es una falta de confianza, puede ser en nosotros mismos (es en esta en la que yo me quise centrar durante la sesión) o en los demás. Y que cuando sientes inseguridad, adoptas mecanismos para defenderte. Si, por ejemplo, no confías en otra persona, tenderás a evitarla para protegerte. En cambio, si no confías en ti mismo y en tus posibilidades, puedes reaccionar de múltiples maneras. Una forma muy típica es actuar con timidez o aislarte. Otra, que a veces cuesta identificar en los demás, es actuar con arrogancia, superioridad o agresividad para enmascarar lo que en realidad hay detrás, que es una enorme inseguridad. Mis alumnos me miraron con cara rara, y es que son muy pequeños, pero cuando puse varios ejemplos de actitudes arrogantes, además de morirse de la risa, entendieron un poco mejor de qué estaba hablando. ¡No hay que fiarse de las apariencias! Y es que el mundo está lleno de personas que enmascaran su falta de seguridad con este tipo de actitudes.
La inseguridad emocional puede darse en multitud de situaciones y contextos, pero el elemento común es una sensación de malestar que se genera por la percepción de que uno mismo es vulnerable.
Hay que diferenciar la inseguridad dada por un momento o situación determinada (como cuando te enfrentas a una situación nueva) o aquella que se manifiesta de una forma casi constante y persistente en el tiempo, formando parte de los rasgos de la personalidad.
Las personas inseguras no tienen confianza en su valía y en sus capacidades. No hay que confundirlo con las personas que son conscientes de sus limitaciones y defectos, pero que mantienen la confianza en sí mismos. La persona insegura no tiene una imagen real de sí misma, autodevalúa subjetivamente su propia capacidad.
Por otro lado, la inseguridad también se puede evitar o superar, y de esto sí hablamos en clase.
- No tener miedo a los errores. Equivocarse forma parte del aprendizaje. Sólo hay que aprender de ellos y seguir avanzando.
- Pensar en positivo. A la hora de tomar una decisión, hay que seguir la propia intuición y hacer lo que creemos que es mejor, pensando siempre que es la mejor opción. Y si nos equivocamos, ¡volvemos al punto 1! ¡Lo volvemos a intentar, no pasa nada!
- Analizar todo lo que hemos conseguido. ¿Cuántas cosas hemos logrado por nosotros mismos? ¡Venga, vamos a hacer memoria! ¡Seguro que muchísimas! ¿Hacemos una lista? ¡Seguro que es una inyección de autoestima!
- Marcarnos pequeños objetivos, que sean realistas. Pasito a pasito, lo importante es ir avanzando. Ponernos una meta muy alta puede hacer que nos sintamos frustrados y que pensemos que no podremos conseguirlo, incluso antes de empezar. Mejor objetivos más rápidos y fáciles de conseguir, y cuando lo alcancemos ¡a por otro! ¡Eso sí que anima!
- Hacer una lista de nuestras cualidades. ¿Cuáles son nuestros puntos fuertes? ¿Qué se nos da bien? Seguro que muchas más cosas de las que pensamos. Otra opción es que los otros nos hagan esa lista. Nosotros en clase hicimos la actividad ¿Cómo nos ven los demás? intentando ir en esta línea. ¿Estamos teniendo una percepción real de nosotros mismos o nos estamos subestimando?
Nos cuenta el emocionario que la timidez es un bloqueo que nos impide comportarnos con naturalidad, y que nos suele dominar ante personas extrañas, no confiables o amenazadoras. En ese momento te sientes incómodo, torpe y, por miedo a equivocarte, dejas de hablar, de moverte... intentas pasar desapercibido. No te sientes espontáneo, e incluso es posible que te invada la confusión.
Un ejemplo típico sería quedarte en casa de alguien a quien no conoces mucho. Es posible que permanezcas callado en un rincón del sofá.
La timidez no deja de ser muy afín a la vergüenza, o incluso a la inseguridad, por lo que resulta complicado establecer un límite entre todas ellas.
De hecho, yo pienso en la timidez más como un rasgo de la personalidad. Está claro que todos podemos tener momentos de timidez, y sentirla en determinadas ocasiones, pero creo que es algo más estable que el miedo o la ira, por ejemplo, aunque también hay personas más miedosas que otras o que enfurecen con más o menos facilidad. En fin, que yo con los niños no entro en estos detalles técnicos (que, por otro lado, tampoco domino). Hablamos sobre ello y me centro en aquello que creo que les puede ayudar.
En el caso de la timidez, no tiene nada de malo ser tímido o dejar de serlo, o sentir timidez en determinadas ocasiones, dentro de unos patrones de normalidad. Hay personas más introvertidas, personas más extrovertidas, más vergonzosas, menos... ¡y menos mal que no somos todos iguales! Lo que puede suponer un problema es que esa timidez nos genere malestar, nos impida hacer algo que realmente deseamos hacer, limite nuestro desarrollo social o afecte a nuestras relaciones personales.
Si bien es cierto que la timidez es un rasgo que se puede presentar desde edades tempranas en la infancia y que tiene un componente genético, es importante cómo actúe el entorno ante esas expresiones de timidez, ya que se puede agravar o, por el contrario, reducir hasta una expresión mínima. Del mismo modo, una persona que no muestre rasgos de timidez puede acabar siendo tímida por aprendizaje, si obtiene consecuencias desagradables al mostrarse extrovertida, sociable, etc.
Aquellos padres que no permiten que sus hijos afronten situaciones correspondientes a su edad y los sobreprotegen para evitarles la frustración, el temor o el fracaso, fomentan el desarrollo de la timidez (una consecuencia más de la sobreprotección, que siempre digo que es uno de los mayores males en la educación actual). También la fomentan aquellos que los obligan a realizar demostraciones frente a las visitas o que los comparan con sus hermanos u otros niños, provocándoles vergüenza y frustración.
Por tanto, es importante intentar no cometer errores que propicien la timidez en los niños. Padres, educadores y, en definitiva, cualquiera que trate con niños debe intentar fomentar actitudes como:
- El diálogo: es indispensable hablar con ellos sobre aquello que les molesta, les duele y les frustra, mostrando tolerancia y empatía.
- La flexibilidad: hay que aceptar que se cometan errores. El exceso de severidad es perjudicial.
- El respeto: hay que conseguir que el niño entienda la postura del adulto sin que se sienta inferior, evitando humillaciones, especialmente en público, ya que fomentan el desprecio hacia ellos mismos.
- La negociación: las prohibiciones continuas y reiteradas fomentan la introversión.
¿Y cómo actuar ante un niño tímido?
- No insistir, ni forzarle, ni obligarle. Es muy común en los padres insistir en que sea abierto y sociable, y presionarle para que muestre una actitud para la que no está preparado. "Saluda", "ve a jugar con los demás", "no te escondas detrás de mí"... Cuanto más digamos, menos conseguiremos.
- Mostrar conductas sociables. Los adultos somos los modelos del niño. Si actuamos con naturalidad y espontaneidad antes situaciones nuevas y personas desconocidas, sin inhibirnos ni retraernos, aprenderán y asumirán esta manera de actuar con naturalidad.
- No etiquetar. Evitar justificar su actitud con frases como "es que es muy tímido...". Ya se sabe, las etiquetas son peligrosas. ¡Son como profecías! Es mejor esperar a que se relaje a su ritmo.
- Ofrecerle oportunidades para relacionarse y desarrollar habilidades sociales. Quedar con otras familias con niños, realizar actividades extraescolares...
- Reconocerle sus méritos. Valorar sus actitudes positivas ante la timidez le ayudará a confiar en sí mismo y sentirse más seguro en futuras ocasiones. Un pequeño gesto desinhibido puede ser un gran esfuerzo para un niño tímido. También es positivo buscar y recordar momentos en que el niño actuó con éxito, y analizar la manera adecuada en que lo hizo, para que pueda generalizarlo en otras ocasiones.
La timidez no debe ser incapacitante, no nos debe impedir hacer las cosas que nos gustarían: participar en clase (hay niños más o menos participativos, pero los que no lo son, ¡que no sea por timidez! ¡que no se queden con las ganas!), actuar en público (si me siento tímido en el concierto o en la carrera, pero finalmente lo hago y lo paso bien, ¡perfecto! El problema sería evitar la situación y finalmente no actuar, poner una excusa, decir que estoy enfermo o directamente enfermar...), relacionarme con mis amigos (o con desconocidos que quiero conocer)...