viernes, 26 de mayo de 2017

NOS VAMOS A MUEL

Muel nos ofrece diversos lugares a los que ir con mucho encanto. No todo es cerámica en la villa zaragozana y también tenemos monumentos artísticos y naturales dignos de ser visitados.
La iglesia parroquial de San Cristóbal es un edificio del siglo XVIII, fabricado en ladrillo y en estilo barroco con ornamentos de recuerdo mudéjar. La torre es de cuatro cuerpos, los dos primeros cuadrados y los dos superiores de forma octogonal. Al interior se reconocen tres naves cubiertas con bóveda de cañón y lunetos.
Junto al pueblo existe una presa romana, que regula el cauce del río Huerva conteniendo las aguas destinadas al regadío de la huerta. El dique está construido en piedra sillar bien labrada y se sabe que también fue usado por los musulmanes. 
Al lado de este dique se levanta la ermita de la Virgen de la Fuente, edificada en 1777 y renovada en 1817. Consta de una sola nave con cabecera plana y crucero cubierto con una cúpula sobre pechinas, con linterna, y el resto con bóveda de lunetos.
Las pechinas de la cúpula presentan la particularidad de estar pintadas por Goya; se trata de unos frescos representando a los padres de la Iglesia de extraordinaria factura y monumentalidad; meditadas en su colocación, tanto en cuanto a la instalación de las figuras en el espacio de las pechinas como en cuanto a la relación con el altar y de las pinturas entre sí. La gama de colores es poco extensa y la calidad de ejecución desigual, pero de todas formas anuncian ya el carácter de lo que será la enérgica y posterior hechura goyesca. Los zócalos de la ermita se decoran con cerámica de Muel. Al pie de la misma se extiende un hermoso parque, con un estanque central y su correspondiente zona ajardinada y de recreo.
Imagen relacionadaAdemás en las inmediaciones de la ermita tenemos parque y la cascada, elementos naturales que la mano del hombre ha diseñado y les ha dado el aspecto que tienen en la actualidad originando un espacio cerrado y sombrío muy agradable para la visita.

LA CERÁMICA DE MUEL

La cerámica de Muel lleva merecida fama. En el año 1048 llegaron a Zaragoza los primeros azulejos procedentes de esta localidad, por mandato de Aben-Tafa. Hacia el año 1580, la mayoría de los habitantes del pueblo se dedicaban a la alfarería, cuyas muestras figuran actualmente en varios museos, de manera especial en el del Instituto de Valencia de Don Juan, en el Arqueológico Nacional de Madrid y en el de Bellas Artes o Provincial de Zaragoza.
Las formas de su loza -platos, escudillas, terrizos, jarros, orzas, cantarillos, pilas bautismales y pilas benditeras-, sobresalen entre una gran variedad de formas más corrientes, todas con perfiles característicos, que en las piezas de mayor lujo, decoradas con reflejo metálico, incluyen molduras y moldeados ornamentales, derivados de los de Manises.





Con la expulsión de los moriscos, la industria artesana de Muel entró en crisis, hasta casi desaparecer por completo. La fórmula recogida por el arquero Cock, en su crónica relativa a su paso por Muel, permitió el resurgimiento de la famosa cerámica de la localidad, al ser recogida tan importante herencia por la Diputación Provincial, que creó primero el Taller-Escuela de Cerámica de Muel y posteriormente el Museo de la Cerámica. Tanto la Escuela como el Museo se encuentran en un bello edificio de nueva planta, levantado para este menester, a las afueras del pueblo, en la carretera de Cariñena. Con estas acciones se ha sabido dar un impulso definitivo a esta forma artesana, tan próxima al arte, de manera que en la actualidad la cerámica de Muel goza otra vez de merecida fama internacional.